La toma de decisiones

Las personas tomamos decisiones continuamente. Y la mayoría de las decisiones, las tomamos sin darnos cuenta. Se estima que, nuestro cerebro, gestiona el 99% de las decisiones que tomamos cada día de forma no consciente. Si lo pensamos detenidamente, es sumamente necesario. No podríamos caminar por la calle e ir eligiendo una a una, conscientemente, todas las opciones. Decidir que debemos girar ligeramente nuestro cuerpo para no chocar con otro peatón, pararnos ante un semáforo en rojo, cerrar nuestro abrigo ante una ráfaga de aire frio.

Pero no es sólo tomamos decisiones automáticas a niveles tan bajos de consciencia, también automatizamos decisiones conscientes que ya hemos tomado anteriormente. Es una forma de optimizar recursos.

¿Qué hay del 1%? Esas decisiones conscientes, en ocasiones, nos suponen un consumo de recursos mayor del que debería ser.

El estudio

Un estudio de la Universidad de Columbia analizó recientemente como la elección de diferentes alternativas afecta al estrés personal. 

Cuando tenemos que tomar una decisión consciente, el empeño de lograr la opción más adecuada puede generar altos niveles de estrés. Y estos niveles, puede llegar a afectar seriamente el bienestar general de individuo.

En el estudio psicológico, los participantes eran invitados a tomar decisiones cotidianas, como elegir un regalo para un amigo o clasificar en orden de importancia algunas tareas del día a día.

Más tarde, en una entrevista, se les preguntaba por como se habían sentido al tomar esas decisiones. También se les preguntaba por sus sentimientos reales cuando tomaron ciertas decisiones importantes en su vida real.

Los investigadores constataron que había personas que sentían grados más elevados de preocupación a la hora de tomar decisiones. Estas personas vivían con mayor estrés la elección y sufrían más angustia por acertar en tomar la opción correcta.

Los datos y las conclusiones llevaron a distinguir dos grandes estilos en la toma de decisiones:

  • Elección orientada a la evaluación: Esta forma de procesamiento lleva a preocuparse excesivamente por tomar la elección correcta. Se evalúan las opciones hasta la obsesión, intentando buscar la solución perfecta y absoluta. Este estilo de tomar decisiones genera mayor estrés y mayor insatisfacción. Además, supone que el individuo entienda el proceso de tomar decisiones como un suceso completo y penoso.
  • Elección orientada a la acción: Esta forma de elección lleva al individuo a tomar una decisión rápida y con poco análisis de las diferentes opciones y consecuencias. Supone utilizar el ensayo y error. Se toma una opción y si no es válida, y es posible, se toma otra. Esta forma permite a la persona no quedarse enclavada en el proceso decisional.

Ninguna de las dos formas es mejor. Los investigadores, en sus conclusiones, manifiestan que según el tipo de decisión, puede ser mejor utilizar un estilo y otro. 

Para decisiones cotidianas y sin muchas consecuencias, como elegir que comer, es más útil una elección orientada a la acción. 

Para decisiones más complejas, que suponen consecuencias mayores, deberíamos utilizar una elección orientada a la evaluación. Puede generarnos mayor estrés, pero es más segura.

Cómo evitar el estrés

Ahora que hemos reducido el riesgo de padecer estrés a, únicamente, las elecciones más importantes, vamos a ver como neutralizarlo al tomarlas:

  • Es fundamental entender que, en la gran mayoría de los casos, no existe una elección perfecta y totalmente satisfactoria. Debemos, en muchas ocasiones, elegir la decisión que consideramos más adecuada, con todos sus defectos. 
  • Debemos asumir que nos podemos equivocar. El error es humano y es fundamental para el aprendizaje. Si nos equivocamos, debemos aceptarlo y utilizarlo como aprendizaje para la próxima vez.
  • En ocasiones, la tarea es muy compleja y tiene demasiadas variables. Podemos dividirla en partes y asumir decisiones en subtareas.
  • Debemos analizar todos los factores y las consecuencias de cada elección. Para que no se enquiste la decisión, realicemos ese análisis con un método sistemático, con lápiz y papel. Y una vez realizado, no le demos más vueltas.
  • No descartemos nunca buscar ayuda. Otras personas pueden haber tenido que pasar por decisiones similares, y nos pueden enriquecer con su experiencia. Por otro lado, si no han pasado por nada similar, siempre pueden darnos otra perspectiva que no hayamos considerado.

Tomar decisiones, puede ser un proceso estresante y angustioso, pero está en nuestra mano reducir esa angustia a decisiones realmente importantes, controlar el estrés con estas pautas.

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